El nuevo laboratorio cultural es rural
Actualizado: 13 ago
Si trabajás en arte, producción o gestión cultural, probablemente aprendiste a mirar hacia la ciudad cuando pensabas en oportunidades: residencias, festivales, universidades, redes, públicos. Para muchos, eso también significó mudarse, alejarse de su gente y empezar a construir una vida lejos de donde estaban sus raíces. La ciudad concentra históricamente buena parte de aquello que parecía necesario para construir una carrera creativa.
Pero algo más está pasando. Nuestra relación con la ciudad también está cambiando. Los Neo-Urbanites buscan nuevas formas de habitarla y, dentro de esa tendencia, los Urban Rewilders intentan volver a introducir naturaleza, comunidad y otras escalas en la vida urbana.
Hay quienes están intentando asilvestrar la ciudad. Y hay quienes están empezando a preguntarse si necesitan vivir en ella.
¿Qué oportunidades pueden aparecer cuando miramos hacia otros territorios, otras escalas y otras formas de producir y encontrarnos? ¿Qué podríamos crear si dejáramos de asumir que todas las oportunidades están en la ciudad?
Quizás la geografía de la creación siempre fue más amplia de lo que pensamos.
¿Y si las oportunidades creativas están en lo rural?
Nancy Duxbury, investigadora de la Universidad de Coimbra (Portugal) y coordinadora del proyecto IN SITU, identifica un problema que sigue siendo muy actual: las políticas culturales continúan teniendo un fuerte sesgo urbano.
Y acá aparece una paradoja interesante: si siempre se ubicaron los recursos, instituciones y oportunidades en determinados centros, no debería sorprendernos que la creatividad también parezca concentrarse allí. Pero algo cambió: hoy hay territorios que desarrollan sus propias condiciones para crear, producir, encontrarse y experimentar.
Nuevos programas, redes, espacios de colaboración y modelos de acompañamiento empiezan a tratar lo no urbano como ecosistemas creativos con necesidades y posibilidades propias. El proyecto IN SITU, por ejemplo, trabaja específicamente sobre innovación de las industrias culturales y creativas en áreas no urbanas y desarrolla laboratorios, formación y redes de colaboración.
En América Latina también existen residencias, redes y plataformas que llevan la creación fuera de los circuitos urbanos. Por ejemplo en Brasil, Silo – Arte e Latitude Rural desarrolla proyectos en diálogo con la naturaleza, ciencia y comunidades; y en Colombia el Festival Internacional de Artes y Ruralidad visibiliza los debates y las producciones artísticas que exploran la relación entre las artes y la ruralidad.
No es que la ciudad nos dejó de importar, es que ya no tiene el monopolio de la experimentación.
El arte puede convertirse en infraestructura
Un caso reciente estudiado en China muestra qué puede suceder cuando el arte deja de pensarse como una actividad aislada y entra en conversación con otras dimensiones del territorio.
En la comunidad rural de Bailixia, un proyecto de revitalización articuló arte, patrimonio, turismo, emprendimientos, empleo y colaboración entre sectores. Investigadores identificaron seis factores que ayudaron a impulsar el proceso: integración cultural, articulación industrial, diversidad de lenguajes artísticos, experiencias participativas, generación de empleo y colaboración intersectorial.
Pero el caso también funciona como advertencia. Los autores señalan tensiones vinculadas con la gobernanza de arriba hacia abajo, la posible mercantilización de la cultura, la dependencia del turismo y la distribución desigual de los beneficios. Es decir: "llevar arte" a un territorio no lo transforma automáticamente para mejor.
Pero… ¿qué pasa cuando la cultura no “llega a un lugar” para decorarlo, sino que participa en la construcción de su futuro?
El lugar crea condiciones
Una investigación realizada en Eslovenia con 4.823 trabajadores creativos analizó 37 indicadores para entender qué valoran las personas en los lugares donde viven y trabajan. El resultado muestra que no existe una única fórmula para atraer o sostener a quienes crean: sus prioridades cambian según el territorio.
Jani Kozina y su equipo encontraron diferencias claras entre trabajadores creativos urbanos y rurales. Entre quienes viven en contextos urbanos pesan más cuestiones vinculadas con el trabajo, la educación, los servicios y la infraestructura. En los territorios rurales, en cambio, ganan importancia el costo de vida, la naturaleza, los vínculos familiares y la comunidad.
La conclusión es interesante: el territorio no es un simple escenario para la creatividad. También condiciona lo que las personas buscan, valoran y necesitan para desarrollar sus prácticas y sus vidas.
No todo tiene que parecerse a una ciudad
No se trata de romantizar lo rural ni de abandonar la ciudad. Se trata de ampliar el mapa. Durante años la fórmula fue atraer talento, retener talento, concentrar talento. Quizás ahora empiece a ser otra: crear nuevas condiciones para que el talento pueda desarrollarse en más lugares. Porque lo que antes parecía una desventaja territorial también puede convertirse en una condición para experimentar.
El futuro creativo podría parecerse menos a un ranking de ciudades y más a una constelación de territorios.
Hacia allí vamos.
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Fuentes:
-Kozina, Jani; Clifton, Nick; Bole, David. (2025). People or place? Towards a system of holistic locational values for creative workers.
-Duxbury, Nancy. (2021). Cultural and creative work in rural and remote areas: An emerging international conversation.
-Song, Haiou; Chen, Shuai; Mustafa, Muhizam. (2026). Integrating art into rural revitalization: Six key factors.
-Varbanova, Lidia; Dobreva, Nevena; Dzharova-Karakoleva, Yana. (2025). Methodological guidance on capacity building for innovation and entrepreneurship in non-urban areas: How to conduct training and mentoring.





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